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lunes, 15 de febrero de 2010

Más dieta sana y menos complementos


Una dieta rica en grasa, pobre en fibra y baja en frutas y vegetales no es apropiada para garantizar la buena salud del cerebro. Los hallazgos científicos más recientes vinculan a la dieta mediterránea con mejores funciones cognitivas, un declive neuronal y cognitivo más lento, y un menor riesgo de que personas adultas sufran Alzheimer.

Los cereales y las legumbres, alimentos de referencia en esta dieta, sirven de sustrato energético (glucosa) al cerebro humano que, pese a su pequeño volumen (del 2% al 3% del peso corporal), consume el 20%-25% del oxígeno y la glucosa que precisa el organismo para funcionar en condiciones normales. Además de estas sustancias elementales, está demostrado el papel que desempeñan otros nutrientes en el mantenimiento de las funciones cognitivas cotidianas como la memoria, concentración y rapidez de pensamiento. La ingesta de aceite de oliva (ácidos grasos monoinsaturados), de pescado azul y frutos secos (poliinsaturados, omega 3 y omega 6), y el consumo moderado de carne (vitamina B12), actúan en conjunto como mecanismos protectores.

La costumbre de comer a diario frutas frescas, hortalizas y un puñado de frutos secos al natural provee de las vitaminas B1, B6 y B9, y de antioxidantes (vitaminas E, A y C), cuya deficiencia se asocia a una merma de la capacidad cognitiva. En su conjunto, el soporte de una dieta adecuada mantiene los niveles de glucemia necesarios para los procesos de aprendizaje y memorización; asegura los niveles de neurotrofinas (un tipo de proteínas que favorecen la supervivencia de las neuronas) y el desarrollo y el mantenimiento del sistema nervioso; reduce la inflamación celular y el daño oxidativo y cuida el estado de los vasos sanguíneos cerebrales que permitirá el suministro de nutrientes esenciales y energía al cerebro.

En resumen, una buena dieta proporciona un entorno que apoya los procesos cognitivos y disminuye la probabilidad de desarrollo de demencia asociada a enfermedades neurodegenerativas o de origen vascular porque facilita la transmisión efectiva de las señales neuronales. Conscienntes de que la dieta adquiere un valor preventivo y ayuda a frenar o prevenir el deterioro de las capacidades cognitivas asociadas a la edad, surge la duda: ¿es suficiente una buena alimentación? . Pero las cuestiones por resolver son numerosas.

Saber alimentar el cerebro


Reduce la probabilidad de desarrollo de demencia asociada a enfermedades neurodegenerativas, gracias a una dieta sana y equilibrada, sí su efecto es mejor que la ingesta de numerosos suplementos para prevenir la pérdida de memoria.

El olvidar las llaves dos veces al año se entiende como un descuido; que no alarma a nadie, no recordar la fecha de cumpleaños de nuestro seres queridos, se disculpa por la vida tan estresante que llevamos, darse cuenta de que un día no se ha cenado y otro no nos hemos duchado porque "se nos ha pasado" preocupa. Si bien en algo se está de acuerdo los científicos es que el cerebro es uno de los órganos más complejos del cuerpo humano y la memoria es una de las disciplinas que más se estudia desde diferentes ámbitos, entre ellos el de la alimentación.
La frase tan conocida "come pescado que es bueno para la memoria" parece no ser suficiente y se está recurriendo a otros tipos de alimentación.

El cerebro humano consume el 25% de la glucosa y el oxígeno que precisa el organismo.

De ahí que se investigue el papel de ciertos nutrientes y de plantas como el Gingko biloba o el ginseng en la función cerebral ante el creciente deseo de mantener el intelecto, la memoria, la concentración y la capacidad de aprendizaje con, o a pesar de la edad.
Se ha constatado la necesidad de la glucosa como nutriente preferentemente de las neuronas (las células especilizadas del cerebro), los fosfolípidos y ciertos antioxidantes (vitaminas y polifenoles) son los componentes dietéticos más estudiados para optimizar el rendimiento cerebral y cognitivo.

Pero no sólo interesa el refuerzo de la función cerebral y de los procesos cognitivos que merman con la edad -alteraciones leves de memoria, de atención, lentitud en la ejecución y solución de problemas asociados al envejecimiento normal o a consecuencia del ritmo estresante de vida- y que dificultan el funcionamiento en numerosas actividades. Una importante línea de investigación está dirigida a examinar el impacto de los nutrientes -en mayor medida su deficiencia- en el desarrollo cerebral infantil.

martes, 18 de agosto de 2009

“Ejercicio y dieta, contra la diabetes”


El doctor Ron Sigal, referencia mundial en las investigaciones sobre ejercicio físico y diabetes, dio una conferencia en el Círculo de Bellas Arte de Madrid sobre la actividad física en el diabético, donde apostó por un cambio en el estilo de vida, sostenido con ejercicio y dieta.

“Es fundamental en las personas con prediabetes, condición en la que los niveles de glucosa en sangre (en ayunas) están por encima del rango normal pero no elevados al extremo”.

Contó que el nuevo estilo de vida exige 150 minutos de ejercicio a la semana, repartidos en cinco días, y una dieta para reducir de un 5 a un 7 por ciento el peso. Con esas pautas se rebaja el riesgo de diabetes durante años.

a,

Con tales evidencias, el profesor canadiense se preguntó por la proporción de sujetos con diabetes del tipo 2 que estarían dispuestos a realizar entrenamiento aeróbico y de fuerza de manera combinada, y por la vía para animar a los que todavía son reacios a hacer ejercicio.


Otro de los desafíos de los profesionales es encontrar la fórmula para mantener a una alta proporción de personas haciendo ejercicio aeróbico o de fuerza de forma continuada.


Al final de su conferencia Ejercicio físico en el diabético: qué sabemos y qué debemos saber el doctor Sigal comparó el uso mayoritario de medicamentos para combatir las enfermedades con la incidencia aún minoritaria de planes alternativos, como el dúo ejercicio-nutrición.


Y eso que, como apuntó, proliferan las personas que rehúsan tomar medicamentos. ¿Explicaciones? El presupuesto estatal para nutrición y ejercicio es minúsculo en la mayoría de los países en comparación con el dedicado a medicamentos.


Y además “los médicos encuentran complicado recetar cambios de estilo de vida, pero recetan medicamentos con facilidad”, añadió con elocuencia.


En forma

Aludiendo a diversos informes y estudios acreditados, este investigador de la Universidad de Calgary reveló que la mortalidad es mayor entre quienes están delgados pero fuera de forma que entre los que están obesos pero hacen ejercicio físico con regularidad.


El tiempo mínimo deberá variar, según se trate de hombres o mujeres (ellas más minutos) y si el nivel de esfuerzo es bajo (una caminata), moderado (ejercicios al estilo del baile) o elevado (carrera), de 148 minutos (andando) a 92 semanales (en carrera).


Según el profesor Sigal, cuando aumenta el nivel de actividad el riesgo cardiovascular disminuye. Y el entrenamiento no ha de ser sólo aeróbico. También conviene el de fuerza, el levantamiento de pesas.


“Es muy bueno hacer entrenamiento de fuerza aunque se tenga diabetes”, recalcó, interesado en tumbar algunos prejuicios y viejos sobreentendidos.


Uno de los obstáculos es que el levantamiento de pesas se le atraganta a priori a los obesos, y el sobrepeso abunda entre los pacientes con diabetes.


Pues Sigal recomienda insistencia, porque superada la pereza inicial los practicantes notarán que el rendimiento es mejor y más rápido que con el entrenamiento aeróbico.


Incluso los ancianos pueden aplicarse a las pesas, a pesar del apuro inicial de masa muscular. Varios estudios atestiguan, como recordó Sigal, que el entrenamiento de fuerza ha hecho mejorar ostensiblemente a ancianos que necesitaban incluso andador para dar simples pasos.


martes, 7 de julio de 2009

El secreto de la juventud; también está en la uva!!


La uva es una fruta rica en azúcares, con un 16% aproximadamente. Está compuesto por glucosas y fructuosas que son de mejor asimilación que la sacarosa o azúcar blanco.
Por otra parte tiene escasas proteínas, apenas grasas, algo de fibra, calcio, hierro, magnesio, fósforo y bastante potasio. También posee cantidades mínimas de sodio, carotenos y vitaminas C, grupo B y ácido fólico.

Desde el punto de vista dietético es una de las frutas más energéticas y útiles, ya que representa un combustible directo para el cerebro.

Uno de los componentes de las uvas; es el denominado resveratrol. Es antiinflamatorio y tiene efectos sobre el metabolismo de los lípidos. Protege al corazón al reducir el nivel de colesterol. Y además inhibe la agregación de las plaquetas en la sangre.
Con ello la sangre es menos espesa y se evita la formación de los coágulos sanguíneos que desencadenan los infartos cardiacos y cerebrales.

Para la piel…
En la cutícula de la pepita existe un activo denominado polifenol. Este es un poderoso neutralizador de los radicales libres. Estos son los principales responsables del envejecimiento cutáneo. El poder enzimático de este activo, se opone al deterioro de las fibras de colágeno y elastina.

El polifenol es más eficaz que la vitamina E en la lucha contra los radicales libres. También es un gran cicatrizante y una gran protección contra las agresiones en la piel, especialmente las provocadas por el sol y la polución.

Poderes curativos…
Este es un excelente método para la desintoxicación del organismo. Se puede combinar la ingestación de uvas con otras frutas de temporada. Por ejemplo las manzanas, peras, melón y melocotones.
Otra forma es la de alternar un desayuno y una cena a base de uvas y frutas con una ensalada al mediodía.
 
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